CUENTOS POR TELÉFONO

CUENTOS POR TELÉFONO
Gianni Rodari
Ilustrado por Emilio Urberuaga

Érase una vez... una niña cuyo padre tenía que estar de viaje seis días a la semana. Esta niña no podía dormirse sin que le contaran un cuento. Y cada noche, su padre la llamaba por teléfono y le explicaba un cuento.  Dicen que los cuentos eran tan buenos que hasta las señoritas de la telefónica suspendían todas las llamadas para escucharlos. Y este es el libro de estos cuentos.
Gianni Rodari, es uno de los mejores autores de literatura infantil y su obra es reconocida en el mundo entero.
A partir de 7 años.

ISBN: 978-84-261-3916-0      Colección Juventud
27ª edición,  (2ª
edición en este formato
)
Formato: 17,5 x 23,5 cm    144 páginas
Encuadernado en cartoné

11,54
12,00


Escritor, maestro y pedagogo italiano, Gianni Rodari (1920-1980) fue el creador de un auténtico «género» de literatura infantil. Premio Internacional Andersen 1970, maestro de la invención y de la imaginación, comprensible incluso para los lectores más pequeños, Rodari también aborda en muchos de sus cuentos temas tradicionalmente alejados de la infancia como la guerra o la insensatez humana. Además de experimentar con la estructura del cuento y el lenguaje, Rodari no duda en hacer una crítica de una sociedad que considera insolidaria y consumista y en fomentar el espíritu crítico de los más pequeños, siempre con espíritu positivo, optimismo,ingenio y humor.
Cuentos por teléfono se ha consolidado como una obra atemporal que sigue seduciendo a pequeños y mayores de generación en generación…

Emilio Urberuaga (Madrid, 1954), galardonado con el Premio Nacional de Ilustración 2011, es autor e ilustrador de numerosas obras infantiles. Sus ilustraciones humorísticas son fácilmente identificables por su personal estilo.
Ha experimentado también en diferentes campos de las artes plásticas como grafismo, grabado o estampación.

Pero antes de marcharse, su hija le recordaba:
–Ya sabes, papá: un cuento cada noche.
Porque aquella niña no podía dormirse sin que le contaran un cuento...



Hace tiempo, la gente de Busto Arsizio estaba preocupada porque los niños lo rompían todo. No hablamos de las suelas de los zapatos,
de los pantalones y de las carteras escolares, no: rompían los cristales jugando a la pelota, rompían los platos en la mesa y los
vasos en el bar, y si no rompían las paredes era únicamente porque no disponían de martillos.
Los padres ya no sabían qué hacer ni qué decirles, y se dirigieron al alcalde.–¿Les ponemos una multa? –propuso el alcalde.
–¡Muchas gracias! –exclamaron los padres–, pero los que tendríamos que pagar los platos rotos seríamos nosotros...
(El edificio que había que romper)



Y entonces pudo verse cómo ciertos señores con carteras de cuero y con gafas de lentes bifocales
–magistrados, notarios, consejeros delegados– se armaban de un martillo y corrían a demoler una pared o una escalera...
(El edificio que había que romper)


El espantapájaros



Una vez, el semáforo que hay en la plaza del Duomo de Milán hizo una rareza.
De repente, todas sus luces se tiñeron de azul y la gente no sabía a qué atenerse.
–¿Cruzamos o no cruzamos? ¿Nos detenemos o no nos detenemos?
(El semáforo azul)



El buen Gilberto



Desgraciadamente, un día subió al gobierno de aquel país un feroz dictador y comenzó entonces un período de opresión,
de injusticias y de miseria para el pueblo. El que osaba protestar desaparecía sin dejar huella. El que se rebelaba era fusilado.
Los pobres eran perseguidos, humillados y ofendidos de cien maneras.
(Jaime de cristal)

Una vez había un hombre al que se le metió en la cabeza la idea de robar el Coliseo de Roma; lo quería todo para él; no le gustaba
tener que compartirlo con los demás. Tomó una bolsa, se fue al Coliseo, esperó a que el guarda estuviese mirando a otra parte,
llenó afanosamente la bolsa de piedras viejas y se las llevó a casa.
(El hombre que robaba el Coliseo)



El caramelo instructivo

Con la mano izquierda continuaba sosteniendo en equilibrio la bandeja con las bebidas, lo cual era más bien absurdo
considerando que alrededor del ascensor se extendía ya a los cuatro vientos el espacio interplanetario,
mientras la Tierra, allá abajo, al fondo del abismo celeste, rodaba sobre sí misma...
(Ascensor para las estrellas)



Cuando se envolvía en ella para dormir, su mamá le contaba un cuento muy largo, y en el cuento
había un hada que tejía una manta tan grande que tapaba a todos los niños del mundo que tenían frío...
(La manta del soldado)


–Un día u otro –le confiaba a Arlequín– voy a cortar los hilos. Y así lo hizo, aunque no de día. Una noche logró apoderarse de unas tijeras
que el titiritero había dejado olvidadas y cortó uno tras otro los hilos que le sostenían la cabeza, las manos y los pies...
(La huida de Polichinela)

Todos los cuentos de este libro:
El cazador sin suerte
La mujercita que contaba los estornudos
El paseo de un distraído
El edificio que había que romper
El palacio de helado
El País sin punta
El País con el «des» delante
Alicia Caerina
El camino de chocolate
«Brif, bruf, braf»
Los hombres de mantequilla
¿Quién quiere comprar la ciudad de Estocolmo?
A tocar la nariz del rey
El tiovivo de Cesenatico
En la playa de Ostia
El ratón de los cómics
Historia del reino de Comilonia
Vamos a inventar los números
Alicia se cae al mar
La guerra de las campanas
Una violeta en el polo Norte
Un joven cangrejo
Los cabellos del gigante
La nariz que huye
El espantapájaros
A jugar con el bastón
El camino que no iba a ninguna parte
Apolonia la de la mermelada
El Sol y la nube
La anciana tía Ada
El rey que iba a morirse
El mago de las cometas
El pescador de Cefalú
Refranes Antiguos
El rey Midas
El ratón que comía gatos
Abajo el nueve
Toñito el invisible
El semáforo azul
La famosa lluvia de Piombino
Muchas preguntas
El buen Gilberto
La palabra «llorar»
La fiebre comilina
El domingo por la mañana
A dormir, a despertarse
Jaime de Cristal
Las monas, de viaje
El hombre que robaba el Coliseo
El señor Lanana
Uno y siete
Ascensor para las estrellas
El autobús número 75
El país de los perros
La huida de Polichinela
El albañil de Valtellina
La manta del soldado
El pozo de Cascina Piana

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