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HASTA
DONDE ME LLEVE EL VIENTO
Eduardo Rejduch de la Mancha Hasta
donde me lleve el viento
es la loca rebeldía que toma Eduardo Rejduch de la Mancha para
escapar de un futuro cierto y premeditado. Sin más fortuna que
un velerito de ocho metros al que llamará Charrúa y los
bolsillos vacíos, saldrá solitario al mar para encontrarse
con una vida de aventuras que lo sorprenda. El viaje que emprende se convertirá
sin proponérselo a lo largo de su vida, en un círculo mágico
e invisible de aventuras y cuentos que se irán sucediendo por los
rincones del mundo, donde el marino se detendrá en el tiempo para
vivirlos, sin las prisas del que tiene que regresar. |
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Eduardo Rejduch de la Mancha nació en 1952 en Montevideo (Uruguay) y realizó estudios preuniversitarios en arquitectura y medicina. Comprometido con su tiempo en luchas estudiantiles y sindicales, tras un golpe militar se vio obligado a partir en 1973 hacia México, donde vivió durante dos años y medio en el pueblo de Uruapan (“eterna primavera” en la lengua de los indios tarascos). Luego se fue a Toronto (Canadá) a conocer el frío y su familia de polacos (por parte de padre). En 1978, tras haber trabajado en una fábrica de zapatos y estudiar teatro, aburrido de tanto orden en aquel país anglosajón, emprendió un viaje por tierra desde Vancouver. Mochila y guitarra al hombro, que lo llevó a recorrer todos los países del fantástico continente latinoamericano y donde aprendería entre otras cosas el lindo oficio de andariego y contador de cuentos. A principios del ochenta llegó a Barcelona, decidido a viajar por Europa, pero por azar descubre una mañana en el viejo puerto a los barcos veleros, por entonces medio escondidos y quietos entre los muelles, que representaron para él un olvidado idealismo de libertad. Regresó a Canadá (donde había dejado un dinero ahorrado) y se compró en Toronto un velero de ocho metros al que bautizó Charrúa. Sin considerar que no sabía navegar, partió en solitario a cruzar los mares, convencido de que viviría asombrosas aventuras en los caminos. Eduardo y su velero iniciaban así, lejos de la conocida orilla, una vida de cuentos y fábulas. |
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Claudia con una cría de lobo marino, en las islas Galápagos, donde los animales no temen a las personas. |
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Anclado en la bahía de Hakahau, en la isla de Ua Pou, islas Marquesas. (Polinesia) (Izquierda): El Charrúa
rodeado de cabos y |
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