LA ORESTIADA

LA ORESTIADA
AGAMENÓN, LAS COÉFORAS Y LAS EUMÉNIDES

Esquilo

La Orestiada es la única trilogía conservada íntegra de Esquilo y de todo el teatro griego. La componen el Agamenón, las Coéforas y las Euménides. Fue representada en la primavera del 458, cuando Esquilo contaba 67 años, dos antes de morir. Por su desarrollo técnico y dramático y por su movimiento escénico es la más compleja de las tragedias de Esquilo, y como a estos elementos externos corresponde una profunda inspiración poética, se puede decir que es la más perfecta.

Traducción directa del griego, estudio preliminar y notas de Vicente López Soto, miembro de la sociación internacional "Vita Latina", Aviñón, (Francia).

Colección Z
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ISBN: 978-84-261-1698-7      Colección     3 ª edición
Encuadernado en rústica      Formato: 11 x 17,5 cm    200 páginas


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7,00

 ESQUILO  .

Nacido en Eleusis en 525 a.C., Esquilo era hijo de un distinguido hacendado llamado Euforión. Participó desde muy joven en los concursos de poetas trágicos, quizá en 28, de los cuales en trece fue el vencedor. En el año 484 consiguió el primer premio de su gloriosa carrera, sólo frenada por la llegada del joven y nuevo valor: Sófocles.
Intervino en las batallas de Maratón y Salamina, contra los persas, así como en otras de las guerras médicas.
En su madurez se trasladó a Sicilia a la corte de Hierón, tirano de la ciudad, seguramente llevado por la abundancia de artistas que en dicho lugar se daban cita. Allí, tal vez representara por segunda vez Los Persas, obra que le valió el triunfo en Atenas.
Poco después regresó a Atenas, pues en 468 a.C. dejó el primer puesto en el certamen (agón) a Sófocles. No se sabe por qué regresó nuevamente a Sicilia, aunque cierto pasaje de Aristófanes en Las Ranas nos da un indicio: alude a la decepción que experimentó con el público ateniense, de lo cual se deduce que la relación entre éste y el autor no siempre fue buena, quizá debido a la no obtención de premios en ocasiones.
Esquilo murió en Gela en 456 / 55 a.C. después de una vida de fama y gloria literaria, y su tumba se convirtió en santuario y lugar de peregrinación, visitado por todos los trágicos del momento. Los atenienses honraron su memoria con una ley propia que permitía a cualquiera participar en el agón con obras de Esquilo. Pero fue Aristófanes, en Las Ranas, quién mejor honró la memoria de este autor trágico trazando una imagen sublime del mismo.